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martes, 23 de abril de 2013

¿Por qué no existen los derechos humanos?

¿Por qué no existen los derechos humanos?

Examinando el artículo 23 de la Declaración de Derechos Humanos, me doy cuenta de que, hoy por hoy, no se cumple y concretamente me refiero a los epígrafes 2º y 3º del mismo, en donde se alude a que “toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual, así como a una remuneración equitativa y satisfactoria…”

Todos sabemos que hombres y mujeres no cobran lo mismo por el mismo trabajo, siendo siempre la mujer la que, por norma, gana menos. Cómo es posible que después de haber conseguido la igualdad entre hombres y mujeres este punto siga flaqueando.

Estamos en el siglo XXI y la mujer ya ha demostrado todo lo que tenía que demostrar, que es muy buena en su trabajo y en muchos casos supera al hombre.

Esta desigualdad entre hombres y mujeres puede venir como consecuencia de que las responsabilidades familiares no se comparten con igualdad, al cien por cien, en los hogares.

Al ser la mujer la que más se dedica a las labores de la casa y de los hijos y tener que ausentarse más del trabajo por ello, al final, su carrera profesional se ve interrumpida más veces, impidiéndole la empresa la posibilidad de ocupar puestos de trabajo a tiempo completo.

Está demostrado que las mujeres cobran un 16,2 % menos que los hombres, lo que hace que al jubilarse sus pensiones sean también menores.

Enrique G.

lunes, 18 de marzo de 2013

Ojo con las drogas

Ojo con las drogas

De un tiempo a esta parte el consumo de drogas se ha triplicado. No lo sabemos y cada vez surgen más casos cercanos a nosotros, a nuestra rutina.

Sin ir más lejos, el verano pasado, en una urbanización cercana a la mía, sorprendieron a un crío de 14 años vendiendo marihuana a sus amigos del jardín, amigos que incluso eran más jóvenes que él. Para impresionarles les contaba que se estaba sacando 600 euros por la venta de la misma. 

Lo peor de esta historia, que es real, es que la madre del niño vivía en la inopia,  por supuesto defendía a su niño y atacó a los adultos que señalaban a su hijo. El niño, por supuesto lo negaba todo, pero no por eso dejó de negociar con lo que se estaba haciendo rico.

Finalmente, todo se supo, porque al final estas cosas se saben, aunque la madre sea la última en enterarse e investigando se averiguó que el angelito obtenía la droga de una plantación que su padre tenía en el jardín de su casa. Los padres estaban separados. 

Enrique G.

martes, 12 de marzo de 2013

El principito y la familia

El principito y la familia:

Nunca supe lo importante que era la familia, mi familia, hasta que tuve la oportunidad de conocer al principito en un bautizo de lo más aburrido.

Cuando más aburrido estaba, se sentó a mi lado, yo ya le conocía por todo lo que había leído sobre él, y pensé aliviado: ¡ahora sí que me voy a divertir!

Qué suerte tienes de tener una familia tan grande, me dijo el principito. - ¿Grande?, respondí yo. Pero si ya no tengo abuelos, se murieron hace tiempo y apenas les conocí, no sabes cuánto les echo de menos, sobre todo en Reyes, contesté cabizbajo.

No sé de qué te quejas, del planeta que vengo yo todos somos una gran familia. Imagínate un jardín inmenso lleno de flores de mil colores, donde unas se riegan a las otras, donde la mala hierba no existe, porque no hay semilla mala. El cuidado de ese jardín supone un gran esfuerzo para todos, depende del riego diario, cuidados, mimos varios, calor continuo, desecho de baobabs, etc.

A medida que me describía su casa, sentí vergüenza de lo que le había dicho. Había sido un egoísta, no tenía abuelos, pero si tenía unos padres estupendos, hermana, muchos primos y sobre todo buenos amigos. Esa era mi gran familia, y a partir de ahora me iba a preocupar personalmente de que no les faltara de nada.

Prometí al principito que iba a ser el mejor jardinero.

Enrique G.

viernes, 1 de marzo de 2013

Gustavo y yo

Gustavo y yo

Hace mucho que dejé de ser un chico normal; fue de repente y llegó sin avisar.

Se acabó el deporte, mis salidas con amigos, todo cambiaría lentamente. Primero fueron las muletas, luego la silla de ruedas y al final, solo la cama.

Decidí escoger un amuleto que me acompañara día y noche, que estuviera siempre conmigo y me acordé de Gustavo, la rana Gustavo, uno de mis personajes favoritos de mi niñez. Tenía a mi rana Gustavo en el pijama cuando me iba a dormir, en el bolsillo de la camisa que me ponía cuando mis amigos venían a verme a casa, que eran todos los días. Se convirtió en una obsesión que fui transmitiendo a mis amigos más queridos.

Llegó un momento en que la enfermedad me devoró y tan solo podía comunicarme con guiños y parpadeos pero siempre fui una persona optimista y pensé que iba a ganar la batalla, mi peor batalla.

Con Gustavo instalado en el bolsillo, junto a mi corazón, siempre tenía la sensación de estar acompañado por mi mejor amigo, él siempre sabía como estaba yo, como me sentía sin necesidad de palabras.

Ya dije antes que Gustavo encantó a mis amigos, a los que me visitaban todos los días, y cual fue  mi sorpresa, cuando fui viendo que todos ellos venían con un Gustavo en el bolsillo. ¡GUSTAVO SE HABÍA CONVERTIDO EN LA MASCOTA DE TODOS!.

Y así pasaron los días, yo cada vez peor, recibiendo continuas visitas de mis amigos transcurrían las tardes, hablando de chascarrillos y tonterías, así hasta el final.

Tenía 29 años cuando Gustavo y yo decidimos coger el tren de la vida, de la verdadera vida. Ya no había más sufrimientos, más tardes con amigos y sin embargo estaba alegre, alegre porque me iba acompañado de todos ellos. Al verles tan apenados solo se me ocurría preguntarles ¿de qué os quejáis?, miradme a mi, me voy feliz, después de 9 años de terrible enfermedad,  pero sin una sola queja, sin una mala cara y como no, ME FUI CON GUSTAVO.

Enrique G.

Pequeño pero matón

Pequeño pero matón:

Solo tengo 16 años y juego en el equipo de hockey de juveniles del Club de Campo Villa de Madrid. Hace poco más de una semana estábamos en el colegio casi zanjando el tema de la convivencia a la que yo me apunté de los primero. De repente recibí un correo de esos que nunca pensé llegar a recibir. Me reclamaban para competir en el Campeonato de España de primera división y me coincidía con la convivencia. Tuve que decidir si ir a la convivencia o ir al campeonato y al final me decidí por esto último. Iba a ser una experiencia inolvidable, otro tipo de convivencia, y un gran reto puesto que era el más pequeño de todos. Tenía que dar la talla y puse toda la carne en el asador, a ver si por ser el más pequeño se creían que no iba a correr como el que más.

Y llegó el campeonato, dispuesto a darlo todo por mi equipo y no les fallé. Conseguí meter algún que otro gol y que mi equipo se sintiera orgulloso de mi. Logramos pasar a la GRAN FINAL, tras haber derrotado al que yo diría el máximo favorito, el Athletic de Terrasa. Después de una dura batalla perdimos la final por 3-2 contra la Complutense, pero me fui contento a pesar de la derrota, ya que todos mis compañeros estaban orgullosos del trabajo que había hecho recompensándome con una copa que jamás soñé recibir.

''No por ser tan pequeño se puede evitar llegar a ser grande''.

Enrique G.