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sábado, 26 de enero de 2013

A los autores de “Talento en bruto”

Hoy me ha llegado un mail maravilloso que copio a continuación. Lo escribe un familiar de uno de los escritores de este blog, que por motivos evidentes permanecerá en el anonimato. Muestra muy bien el alcance impredecible que tienen vuestros pensamientos.  
Me encanta que este pequeño proyecto crezca con este tipo de aportaciones. Eso sí, sólo puntúan las entradas de los alumnos, que si fuera por los padres alguno ya tendría matrícula de honor... 
D. Javier


La mera curiosidad fue lo que me hizo empezar a seguir este blog hace menos de un mes. No quiero aburrir a nadie explicando cómo llego a mis manos, pero sí diré que lo primero que vi -una especie de declaración de intenciones del profesor en versión cita de Miguel Ángel- me pareció un poco… cómo decirlo, ¿ostentoso?, ¿flipado?... Pero según avanzaban los días e iba leyendo más, lo he ido entendiendo y ahora incluso me hace gracia.
Las personas que leemos el periódico cada día –por lo visto, cada vez somos menos- podemos llegar a tener la sensación de que no se puede conseguir nada sin doparse o ser corrupto. Sin embargo, conocer las reflexiones de estos Cicerones de 16 años resulta de lo más animante; incluso cuando la falta de tiempo impone una lectura un poco diagonal.
He de reconocer que a veces me han chocado expresiones como “la cuidadora”, que en pleno siglo XXI alguien sea capaz nombrar 20 marcas extranjeras que utiliza en su día y ninguna de ellas sea “made in China” o que un chaval de 16 años conozca y aprecie el gel Moussel de Legrain. Es que a veces se me olvida que son alumnos de Retamar…
También he sufrido alguna que otra decepción, cuando al leer con entusiasmo alguno de los post se lo he contado al que tenía al lado (que por supuesto alucina de que siga algo así) y con cara de incrédulo me ha dicho: “eso es de un corto”, “lo leí no sé donde” o “es más viejo…”
Escribo este post sin intención de ofender a nadie; más bien para agradecer a los autores que compartan estas reflexiones, a veces triviales y a veces profundas, que sirven para sentirse identificado o para comprender mejor al que uno tiene al lado.
Por ejemplo, me encantó leer la reflexión sobre los pensamientos de Andrés, al que no conozco de nada, porque a mí me pasa todo lo contrario. Créeme Andrés, la mayoría de las veces es mejor saber callarse que pasarse hablando.
Como no os conozco en persona no puedo deciros todas las cosas que se me ocurren según os voy leyendo: le diría alalumno enfurecido que 0,05 puntos tampoco son para tanto (que aprenda del que dice que hay que “aflojarse la corbata”); a Fernando que me encantaría ser de su equipo sólo por el sentido del humor con el que se toma la vida y al de losbocadillos del recreo que se moje y diga a qué grupo pertenece él mismo, ¡si no, no vale hablar del resto!

Como yo me estoy “aprovechando” un poco de vuestros pensamientos, me gustaría dejar uno mío por si a alguien le sirve: Que de todo esto lo más importante es la actitud de Pensar, y que ojalá sigáis siendo así de reflexivos el día que se acabe la adrenalina que da el saberse leído, comentado o potencialmente puntuado con 0,25.
Muchas gracias caballeros, están siendo ustedes unos compañeros de RSS muy simpáticos.

Fdo. Bloguer@ agradecid@

P.d. Después de estas semanas todavía no sé si amar u odiar a Jimi Hendrix, así que mientras me decido dejo aquí la canción que yo pondría de banda sonora de “Talento en bruto”; pero como este en un blog donde caben todas las opiniones que cada uno elija la suya: 


domingo, 13 de enero de 2013

El armario emocional

Firma invitada. Texto de un alumno de 2º bach.

El armario emocional:

              Hola a todos y feliz año. Inauguro el 2013 en este blog con un tema de sentimientos, ya que hace mucho que no escribo. Hoy vengo a preguntarme sobre la persona humana. No vengo a dejaros aquí un enorme y filosófico discurso sobre el ser humano y sus orígenes. Vengo a preguntarme qué nos hace sentir, sentir emociones: felicidad, amor tristeza o necesidad. 

             Una cosa que debéis saber de mí es que quiero ser médico y lo supe desde hace 3 años (con 14-15 años). Por ello sé que actualmente la felicidad y la tristeza están asociadas a la presencia/ausencia de oxitocina y dopamina fundamentalmente ( una pareja de hormonas asociadas al amor y a la felicidad). 

         Lo que  me preguntaba es por qué yo,(espero que al igual que otros pocos en el mundo) tengo que sentir tanto. Supongo que sabréis que hay diferentes maneras de sentir (en función de la intensidad). Desde hace ya unos años me he catalogado a mi mismo como un hipersensible moderado en cualquier aspecto (no sólo en aspecto físico sino en emotivo). Y no lo digo en la absurda y extendida connotación sensible = llorar. Me refiero a que las cosas (tanto buenas como malas) me afectan bastante más, me llegan más que a la gente que tengo alrededor. 

        Al principio y de primeras esto puede parecer muy bueno porque por ello puede parecer que medito más las cosas y que las alegrías dejan mayor huella en mí. Pero a veces es cansino, porque al igual que lo hay para bien, lo hay para mal. Estoy hablando de que esto presenta una dualidad don/maldición, esto es, que cuando subes, subes más que el resto; pero cuando bajas, bajas más que el resto (emocionalmente hablando), y casi que son esas veces cuando prefieres quitarte esa característica tuya, arrancártela y depositarla en una cajita, cerrarla y decir "me merezco un descanso", sólo quiero descansar de pasarlo "más mal que el resto de personas que me rodean, o al menos que lleguen alegrías buenas que compensen encarecidamente esos malos ratos".

      Tras investigar en el mundo del que yo me considero (mundo médico), encontré que la hipersensibilidad física se define como "hiperestesia". Tal vez podríamos describir mi condición como una "hiperestesia emocional moderada" (el término es creación propia, no tiene ningún referente médico). Le sumo el adjetivo "moderada" porque pienso que aún describiendo esto como "hiperestesia emocional", no creo que llegue a ser tanto lo que me ocurre como para llamarlo asi (es decir que cuando veo algo malo no empiezo a derramar un mar de lágrimas ni a tender tendencias suicidas como le sucedería a un hiperestésico emocional). 

     Pero aún así os digo que por desgracia en esta vida lo normal es moverse escasamente unos cm. de la línea del no sentimiento (neutralidad) hacia arriba o hacia abajo  (por eso la felicidad es tan deseada, porque a pesar de que hay momentos, días, temporadas felices esto no es lo normal, sin embargo recaer en una tristeza sí que es común porque en la vida suele haber una tendencia negativa). 

   Después de tanto vocablo y término extraño (que espero que no os haya echado atrás en la lectura), me gustaría aclarar que esta entrada no es una queja de vida ni nada por el estilo. Es simplemente un guiño hacia esas personas que (por suerte Y por desgracia) tienden a sentir más que el resto de la gente. 
   Aunque también es una llamada al resto de personas que circula por el mundo exterior para que sepan que  existe gente así. Que tal vez lo que para ellos es una lágrima o una sonrisa, para otras personas quizás sean motivos para dejar de pensar o para saltar y gritar de felicidad. Personalmente estoy seguro de que un alto porcentaje de gente que le pasa esto cambiaría sin dudarlo esta característica por la normalidad. Y si me preguntáis que qué haría yo, pues os diré la verdad (la realidad): depende del momento en que me preguntéis. Sé que si existiera esa cajita donde guardar los sentimientos un rato o un armario en el cuál pudiera colgar en perchas cada uno de mis sentimientos y mi conciencia me dijera qué ponérme en función de adonde fuera, sin duda lo haría, porque a veces es duro sentir más que los de tu alrededor y  peor es notarlo. Tal vez algún día deje de ocurrirme esto, alomejor mi mente es capaz de si bien no eliminar esto por lo menos ocultar en algún rincón de mi cabeza (a ser posible el más pequeño y oscuro posible) esta hiper-emotividad momentáneamente.  Y si no, pues deberé aprender a controlar mis emociones y poder sentir lo que debo sentir, cuando lo debo sentir y  la medida en que lo debo sentir para poder ser dueño de mis emociones y no caer en que las emociones sean dueño de mí. 


       Mingus, M.D.