El principito
Llovía toda la noche, de esas noches en las que no había nadie en las calles, algún que otro vagabundo, unas jóvenes riéndose para no salir del paraguas y esas bolsas de plástico que pasean como si fuese el desierto.
Entonces una gran luz apareció, ¿Quién será?, no, no era el principito, eran las luces del coche de Miriam, hoy llegaba tarde a casa, un día más que no veía a sus hijos, pues ya estarían dormidos.
Cariño, ya he llegado a casa- dijo Miriam.
No se escuchaba nada, estaba toda la casa oscura excepto una luz a final del pasillo. Ella se dirigió a apagarla. Cuando la apagó, apareció una gran luz.
¿Don Limpio?-pregunté.
No, soy el principito, dijo un joven niño, que a mi gusto era un tanto peculiar.
¡Fuera de mi casa! , dije sin pensarlo.
No soy malo - dijo el joven.
Yo no sé si serás bueno o malo pero ¡largo!.
El principito sonrió, entonces dijo, tus hijos están dormidos y tu marido está arriba leyendo un libro.
Gracias por cuidar de ellos, dije conmocionada.
Se encendió una luz en las escaleras.
¿Cariño con quien hablas?, dijo el marido mientras bajaba.
Con el principito, dije muy dispuesta.
El marido la abrazó, mientras le decía, juntos superaremos todas tus imaginaciones, mientras ella sollozaba y le decía, le gusta preguntar y contrariarme.
Javier L.
"Yo sólo quito lo que sobra, la estatua ya está ahí". Miguel Ángel Buonarroti.
Mostrando entradas con la etiqueta Publicable RP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Publicable RP. Mostrar todas las entradas
lunes, 18 de marzo de 2013
EL PRINCIPITO
EL PRINCIPITO:
Javier T.
El siguiente planeta no era como los demás, este tenía forma rectangular y en ocasiones se iluminaba, era el planeta-iphone5.
-¡Buenos días! – exclamo el principito, que aunque no viese a nadie, quería asegurarse.
-Buenos días. ¿En qué puedo ayudarte? – dijo una voz sin figura, que salía del suelo.
-¿Cómo te llamas? – preguntó el principito.
-Mi nombre es Siri. Pero eso ya lo sabías.
-No tenía ni idea. ¿Y qué haces aquí?
-Estoy aquí para ayudarte – respondió Siri.
-¡Qué bien! ¿Puedes traer a mi flor aquí? La echo de menos – preguntó el principito emocionado.
-Hay cinco floristerías cerca de ti
-Pero yo no quiero comprar una flor, quiero a mi flor.
-No puedo ayudarte.
El principito, decepcionado, se marchó.
Javier T.
miércoles, 13 de marzo de 2013
El Principito y el relojero
El Principito y el relojero
El Principito llegó al octavo planeta. El planeta estaba plagado de esferas de diferentes tamaños, que tenían tres palitos en su interior, pero solo uno de esos palitos se movía rápidamente, los otros dos se movían a duras penas.
En medio de ese barullo se encontraba un hombre sentado a una mesa, encogido sobre ella, con una de esas esferas, pero más pequeña que las otras, y la tenía abierta mientras ponía pequeñas piezas aquí y allí. El Principito sintió curiosidad y se acercó a él, y le dijo:

-¿Qué hace, señor? ¿ A qué se dedica?
-Yo soy relojero, fabrico relojes y también los arreglo.
-¿Y qué hace luego con esos relojes?
-Se los doy a la gente para que los utilicen.
-¿Y para qué los quieren, es que acaso tienen algo especial? ¿Están hechos de algún material mágico o algo así? ¿Cómo los usan?
-Bueno, pues las personas utilizan sus relojes para estar en el lugar exacto en cada momento, y sin ellos no podrían llegar cuando deben a los lugares. Están hechos con piezas pequeñísimas que tienen que funcionar de forma perfecta para que el reloj no se rompa. Cada una de esas piezas tienen una función que no parece importante, pero es indispensable para el reloj en su conjunto. ¿Quieres uno? Toma, quédate éste, es el más bonito que tengo.
Al Principito le pareció que ese hombre, como la pieza de uno de sus relojes, era indispensable para ayudar al resto de personas a desempeñar sus funciones. El Principito le dio las gracias y se marchó, dejando al hombre solo con sus relojes.
Juan R.
El Principito llegó al octavo planeta. El planeta estaba plagado de esferas de diferentes tamaños, que tenían tres palitos en su interior, pero solo uno de esos palitos se movía rápidamente, los otros dos se movían a duras penas.
En medio de ese barullo se encontraba un hombre sentado a una mesa, encogido sobre ella, con una de esas esferas, pero más pequeña que las otras, y la tenía abierta mientras ponía pequeñas piezas aquí y allí. El Principito sintió curiosidad y se acercó a él, y le dijo:
-¿Qué hace, señor? ¿ A qué se dedica?
-Yo soy relojero, fabrico relojes y también los arreglo.
-¿Y qué hace luego con esos relojes?
-Se los doy a la gente para que los utilicen.
-¿Y para qué los quieren, es que acaso tienen algo especial? ¿Están hechos de algún material mágico o algo así? ¿Cómo los usan?
-Bueno, pues las personas utilizan sus relojes para estar en el lugar exacto en cada momento, y sin ellos no podrían llegar cuando deben a los lugares. Están hechos con piezas pequeñísimas que tienen que funcionar de forma perfecta para que el reloj no se rompa. Cada una de esas piezas tienen una función que no parece importante, pero es indispensable para el reloj en su conjunto. ¿Quieres uno? Toma, quédate éste, es el más bonito que tengo.
Al Principito le pareció que ese hombre, como la pieza de uno de sus relojes, era indispensable para ayudar al resto de personas a desempeñar sus funciones. El Principito le dio las gracias y se marchó, dejando al hombre solo con sus relojes.
Juan R.
sábado, 23 de febrero de 2013
(título desconocido)
(título desconocido)
Capítulo XXVIII:
El Principito por fin llegó a su planeta y lo primero que hizo fue ir a ver a su flor. Seguía ahí. Estuvo un rato hablando con ella, sin dejar de llorar: echaba de menos la Tierra... y sobre todo a su nuevo amigo. Así que decidió hacer una visita al planeta donde vivía la persona más sabia y buena de todas: el Papa.
Al llegar, el Principito se sorprendió. Había una persona de unos 86 años de rodillas. Entonces le preguntó:
- ¿Qué haces?
- Rezar
- ¿Y por qué rezas?
- Para hablar con Dios.- Respondió el Papa entre señas de debilidad.
- ¿Y qué le dices?
- Le doy gracias por estos 8 años, y le pido que el que me suceda lo haga mejor que yo.
- Pero... si tú eres la mejor persona de todas... ¿por qué te tienen que suceder?
Mientras se levantaba y cogía su bastón le dijo: - Porque hay veces en esta vida, querido Principito, donde el cuerpo ya no te permite hacer lo que mejor se te daba antes. Entonces es el momento de que otra persona, que por su salud está mejor que tú, te reemplace y así el resto de personas puedan seguir disfrutando de lo que dice.
- Entonces, ¿lo haces por el bien de los demás?
- En efecto Principito.
Cuando vio que ya había aprendido suficiente de él, y se disponía a marcharse, el Papa le llamó y le dijo:
- Me ha dicho Dios que tienes una flor muy bonita...
- Sí, es una rosa - Respondió el Principito
- Pues cuídala muy bien, porque quien tiene un amigo, tiene un tesoro.
Comprendió entonces, porque era el Papa una persona tan sabia. Solo en una persona así cabría tanta bondad. Había sido la única persona que había visitado que vivía solo para que los demás aprendiesen, sin esperar nada a cambio de ellos.
Carlos M - E
Capítulo XXVIII:
El Principito por fin llegó a su planeta y lo primero que hizo fue ir a ver a su flor. Seguía ahí. Estuvo un rato hablando con ella, sin dejar de llorar: echaba de menos la Tierra... y sobre todo a su nuevo amigo. Así que decidió hacer una visita al planeta donde vivía la persona más sabia y buena de todas: el Papa.
Al llegar, el Principito se sorprendió. Había una persona de unos 86 años de rodillas. Entonces le preguntó:- ¿Qué haces?
- Rezar
- ¿Y por qué rezas?
- Para hablar con Dios.- Respondió el Papa entre señas de debilidad.
- ¿Y qué le dices?
- Le doy gracias por estos 8 años, y le pido que el que me suceda lo haga mejor que yo.
- Pero... si tú eres la mejor persona de todas... ¿por qué te tienen que suceder?
Mientras se levantaba y cogía su bastón le dijo: - Porque hay veces en esta vida, querido Principito, donde el cuerpo ya no te permite hacer lo que mejor se te daba antes. Entonces es el momento de que otra persona, que por su salud está mejor que tú, te reemplace y así el resto de personas puedan seguir disfrutando de lo que dice.
- Entonces, ¿lo haces por el bien de los demás?
- En efecto Principito.
Cuando vio que ya había aprendido suficiente de él, y se disponía a marcharse, el Papa le llamó y le dijo:
- Me ha dicho Dios que tienes una flor muy bonita...
- Sí, es una rosa - Respondió el Principito
- Pues cuídala muy bien, porque quien tiene un amigo, tiene un tesoro.
Comprendió entonces, porque era el Papa una persona tan sabia. Solo en una persona así cabría tanta bondad. Había sido la única persona que había visitado que vivía solo para que los demás aprendiesen, sin esperar nada a cambio de ellos.
Carlos M - E
Ramón, el principito
Ramón, el principito
El Principito se vio en otro planeta en el que todo estaba infectado, pero no de virus sino de respeto. ¡Todos los habitantes de este planeta se respetaban entre sí! El Principito,que por si no lo sabíais se llamaba Ramón, se quedó perplejo no podía dar crédito alguno de lo que observaba: abuelos ayudados por jóvenes, trabajadores que ayudaban a los que todavía no lo eran, fuertes a blandos e inteligentes a discapacitados.
No hacia más que preguntarse cual podría ser la causa de aquel fenómeno jamás visto por él en ningún país. Todas sus ideas apuntaban a que todos estaban dirigidos por un señor bueno e inteligente y a que las personas ganaban algo al hacer ese tipo de cosas.
Fue entonces cuando Ramón se topó con un tipo, Joaquín, este afirmaba ser un cantante al que le interesaba
conocer buenas experiencias y "filosofear" sobre estas en sus letras. A Ramón le pareció inteligente Joaquín, y realizó la pregunta que le sonaba en la cabeza una vez tras otra...¿ Y cómo es que aquí os respetáis todos mutuamente? El cantante se quedó pensativo y le dijo.- pues mira Ramón este planeta hace unos años era de lo peor, había gente borracha, gente que mataba por el dinero, gente que utilizaba la violencia cómo medio para difundir sus ideas y más de lo mismo.
Pero hubo un gran cambio gracias a gente cómo yo sabes...lo que hicimos fue enseñarles a los jóvenes que los abuelos a ellos les podían aportar experiencias, a los trabajadores que los vagos les podían enseñar picaresca, a los fuerte que los blandos les podían aportar maña y a los inteligentes que los discapacitados les podían enseñar fuerza de voluntad. Y fue así como creamos una sociedad basada en la admiración de unos por los otros.
El Principito dejó de viajar y se instaló definitivamente en el país infectado de respeto, el mejor país que jamás había visto.
El Principito se vio en otro planeta en el que todo estaba infectado, pero no de virus sino de respeto. ¡Todos los habitantes de este planeta se respetaban entre sí! El Principito,que por si no lo sabíais se llamaba Ramón, se quedó perplejo no podía dar crédito alguno de lo que observaba: abuelos ayudados por jóvenes, trabajadores que ayudaban a los que todavía no lo eran, fuertes a blandos e inteligentes a discapacitados.
No hacia más que preguntarse cual podría ser la causa de aquel fenómeno jamás visto por él en ningún país. Todas sus ideas apuntaban a que todos estaban dirigidos por un señor bueno e inteligente y a que las personas ganaban algo al hacer ese tipo de cosas.
Fue entonces cuando Ramón se topó con un tipo, Joaquín, este afirmaba ser un cantante al que le interesaba
conocer buenas experiencias y "filosofear" sobre estas en sus letras. A Ramón le pareció inteligente Joaquín, y realizó la pregunta que le sonaba en la cabeza una vez tras otra...¿ Y cómo es que aquí os respetáis todos mutuamente? El cantante se quedó pensativo y le dijo.- pues mira Ramón este planeta hace unos años era de lo peor, había gente borracha, gente que mataba por el dinero, gente que utilizaba la violencia cómo medio para difundir sus ideas y más de lo mismo.
Pero hubo un gran cambio gracias a gente cómo yo sabes...lo que hicimos fue enseñarles a los jóvenes que los abuelos a ellos les podían aportar experiencias, a los trabajadores que los vagos les podían enseñar picaresca, a los fuerte que los blandos les podían aportar maña y a los inteligentes que los discapacitados les podían enseñar fuerza de voluntad. Y fue así como creamos una sociedad basada en la admiración de unos por los otros.
El Principito dejó de viajar y se instaló definitivamente en el país infectado de respeto, el mejor país que jamás había visto.
Jorge C.
El principito
El principito

El principito, deseaba ser amado por la flor que él tanto amó, así que el dueño del planeta le concedió su deseo.
Era de noche en "el planeta de las cosas al revés". Nuestro protagonista, tiritando de frío, vio a su querida planta caminando a lo lejos y automáticamente se le dibujó una sonrisa en la cara.
La planta, se fue acercando cada vez más hasta estar prácticamente juntos, y cuándo el principito se dirigía a pedirle si le podía proteger del frío, esta se dio media vuelta, demostrando así su maldad.
El principito se sumió en una fuerte depresión, pero su amor por su flor vivió para siempre. Se cuenta que la flor falleció comida por una hormiga (en el planeta de las cosas al revés) y que el principito sigue estando plantado en dicho planeta, plantado físicamente y plantado sentimentalmente.
CAPÍTULO XXVIII
Nuestro querido principito, acudió a un último planeta, muy distinto de todos aquellos en los que había estado. En este planeta, el suelo era el cielo y el cielo era el suelo. La gente que allí habitaba, andaba con la cabeza y no con los pies, y las copas de los árboles estaban estancadas en el suelo, mientras que las raíces se movían azotadas por el fuerte viento.
El principito se dio cuenta de que este planeta era conocido como: "el planeta de las cosas al revés". El principito, intrigado, le preguntó al campesino más pobre, dueño del planeta, si sería capaz de plantarle en el suelo (cielo) y hacer que su amada flor despegara de él.
El principito, deseaba ser amado por la flor que él tanto amó, así que el dueño del planeta le concedió su deseo.
Era de noche en "el planeta de las cosas al revés". Nuestro protagonista, tiritando de frío, vio a su querida planta caminando a lo lejos y automáticamente se le dibujó una sonrisa en la cara.
La planta, se fue acercando cada vez más hasta estar prácticamente juntos, y cuándo el principito se dirigía a pedirle si le podía proteger del frío, esta se dio media vuelta, demostrando así su maldad.
El principito se sumió en una fuerte depresión, pero su amor por su flor vivió para siempre. Se cuenta que la flor falleció comida por una hormiga (en el planeta de las cosas al revés) y que el principito sigue estando plantado en dicho planeta, plantado físicamente y plantado sentimentalmente.
Ignacio R-T
viernes, 15 de febrero de 2013
El Principito
El Principito
En el siguiente planeta el Principito se encontró con un chaval como de dieciséis o diecisiete años. Iba vestido con un pantalón gris, una camisa blanca, una corbata de colores y una chaqueta azul marino con un escudo desconocido por el Principito. El muchacho estaba sentado en una mesa con un libro bastante voluminoso delante de él.
- Hola- dijo el Principito.
- Hola- contestó el estudiante.
-¿Qué haces?- preguntó el Principito.
-Estudiar.
- ¿Y tú quién eres?- preguntó sorprendido el estudiante.
- ¿Qué estudias?
- Sintaxis.
-¿Y para qué sirve?
- ¿Para qué sirve?
- Sí.
- Pues...- el estudiante se quedó bloqueado ante esta pregunta.
- Mi profesor dice que te ayuda a expresarte mejor.
- Ah.
El Principito estaba cansado por su largo viaje hasta ese extraño lugar, pero sentía curiosidad.
- ¿Y por qué estudias?- preguntó el Principito.
- Porque quiero conseguir un buen trabajo, ganar mucho dinero y ser feliz. Estudio voluntariamente sin que nadie me obligue.
- No lo entiendo- dijo el Principito. -¿Para qué necesitas todas esas cosas para ser feliz? ¿Acaso el dinero da la felicidad? Yo vivo en un planeta muy pequeño, en el que lo único que hay son tres volcanes, uno de ellos está apagado y una flor... y soy feliz.
El estudiante quedó en silencio. El Principito prosiguió:
-Deberías estudiar para aprender y trabajar en algo que te haga feliz, independientemente del dinero que ganes.
El estudiante permaneció en silencio, pensando en lo que el Principito le había dicho.
Ignacio M
En el siguiente planeta el Principito se encontró con un chaval como de dieciséis o diecisiete años. Iba vestido con un pantalón gris, una camisa blanca, una corbata de colores y una chaqueta azul marino con un escudo desconocido por el Principito. El muchacho estaba sentado en una mesa con un libro bastante voluminoso delante de él.
- Hola- dijo el Principito.
- Hola- contestó el estudiante.
-¿Qué haces?- preguntó el Principito.
-Estudiar.
- ¿Y tú quién eres?- preguntó sorprendido el estudiante.
- ¿Qué estudias?
- Sintaxis.
-¿Y para qué sirve?
- ¿Para qué sirve?
- Sí.
- Pues...- el estudiante se quedó bloqueado ante esta pregunta.
- Mi profesor dice que te ayuda a expresarte mejor.
- Ah.
El Principito estaba cansado por su largo viaje hasta ese extraño lugar, pero sentía curiosidad.
- ¿Y por qué estudias?- preguntó el Principito.
- Porque quiero conseguir un buen trabajo, ganar mucho dinero y ser feliz. Estudio voluntariamente sin que nadie me obligue.
- No lo entiendo- dijo el Principito. -¿Para qué necesitas todas esas cosas para ser feliz? ¿Acaso el dinero da la felicidad? Yo vivo en un planeta muy pequeño, en el que lo único que hay son tres volcanes, uno de ellos está apagado y una flor... y soy feliz.El estudiante quedó en silencio. El Principito prosiguió:
-Deberías estudiar para aprender y trabajar en algo que te haga feliz, independientemente del dinero que ganes.
El estudiante permaneció en silencio, pensando en lo que el Principito le había dicho.
El Principito se alejó pensando: "las personas mayores son muy raras"
Ignacio M
domingo, 10 de febrero de 2013
El principito (capítulo XXVIII)
El principito (capítulo XXVIII)
XXVIII
El principito llegó al octavo planeta por fin, había dejado atrás en la Tierra a sus dos únicos amigos, pero estaba acostumbrado a dejar cosas atrás y esto le dolió relativamente poco en comparación a lo que después le sucedió.
En este octavo planeta era todo muy raro, estaba lleno de baobabs gigantes, jamás los había visto tan grandes, los habitantes de este planeta no solo no los arrancaban, sino que encadenados a unas frías y oxidadas cadenas eran obligados por un ser aterrador a regarlos con sus propias lágrimas, el principito no entendía nada.
Los volcanes en este planeta eran incontables, había millones de ellos, todos en erupción al mismo tiempo, el principito sentía cómo el calor se apoderaba de su cuerpo y el nauseabundo olor de la ceniza que desprendían los volcanes del planeta le causaba un indefinible malestar.
Siguió explorando el terreno, siempre esquivando la mirada atenta del aterrador ser que maltrataba a los habitantes del planeta. De pronto, el principito vio algo que jamás habría deseado ver. En una inmensa explanada, observó millones de flores, distintas unas de otras, quemándose y gimiendo debido al calor del planeta, era tal el castigo impuesto que ni si quiera les llegaba la muerte que detendría su tormento.
Entre las flores, el principito desgraciadamente encontró a la flor de su planeta, la que tanto amaba, no pudo evitar correr hacia ella. Fue entonces cuando el aterrador ser lo atrapó.
− ¿Qué haces tú, bondadoso príncipe, aquí en el planeta de los errantes? − preguntó furioso el monstruo.− No me haga daño por favor, aterricé aquí sin quererlo, es mi corazón quien me guía.
− Las criaturas buenas como tú no deben estar aquí, mas si tu corazón te trajo alguna razón tendrá. ¿Cuál crees que puede ser?− Disculpe, pero creo que es por la flor a la que he amado siempre, está aquí, en su planeta… quisiera recuperarla.− En este planeta solo mando yo, dueño y señor de los reyes tiranos, las criaturas vanidosas, los borrachos desgraciados, los empresarios avaros y por último las crueles flores que han atormentado a otras criaturas. Y tengo el deber de castigarles, si valoras tu vida vete, pero tu flor no irá contigo, sin embargo si de verdad la amas comparte con ella su sufrimiento.− Dueño y señor del planeta, la amo tanto, que no compartiré con ella su sufrimiento, sino que cargaré yo por siempre con él y a mi flor dejarás libre.− contestó heroica y decididamente el principito.− Si eso es lo que deseas, adelante, ve con tu flor, cuéntaselo todo y ocupa su lugar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

